Rabioso Sol, Rabioso Cielo

Rabioso Sol, Rabioso Cielo
Rabioso Sol, Rabioso Cielo, 2009, Julián Hernández
¿De qué trata?:  El amor como una epopeya ancestral, como una lucha mítica en la que la pérdida y la muerte no son sino fases inevitables del dulce dolor que ayuda a tocar la felicidad absoluta. En esta historia Kieri(Jorge Becerra), Tari (Javier Oliván) y Ryo (Guillermo Villegas) se aman sin estar ceñidos a ninguna circunstancia espacial o temporal, se aman en el presente continuo de una eternidad dictada por la esencia misma de su razón de ser.
Esta película se tiene que analizar desde un punto de vista realista. En primera instancia es grato ver que Julián Hernández sigue expresando su voz y sigue marcando pauta, como uno de los directores mexicanos que mantiene vigente el tema de la diversidad en nuestro país como le hiciera algunos años, Jaime Humberto Hermosillo. Él manejo de lo onírico y lo alegórico es interesante en esta película sin embargo se desdibuja ante las escenas sexuales que más que ser artísticas caen en lo vulgar.
El blanco y negro dota una textura a la cinta logrando que visualmente sea totalmente una preciosura, el problema de la misma radica en su construcción. En su película anterior,  El cielo dividido, Julián al menos nos brinda una estructura cercana que el espectador tiene fácil entendimiento. En esta es difícil conectar con lo mitológico cuando se nos presentas un baño público.
En lo personal esta propuesta no me gustó, no me conectó y me salí de la sala. Pero dejo que ustedes decidan. No hay mejor acción que exponer una voz donde no la hay.
Al grano: Julián Hernández vuelve a la carga con una película dificil de apreciar, pero sin embargo se le aplaude que traiga películas arriesgadas a la cartelera nacional.
* * / 5

El cielo dividido

El cielo dividido, Julián Hernández, 2006

El cielo dividido, Julián Hernández, 2006

¿De que trata?: Gerardo(Miguel Ángel Hoppe) y Jonás(Fernando Arroyo) se reencuentran porque se han buscado; en una primera mirada se descubren cómplices añejos. De ahí una cita, otra, el hotel, la universidad, las discotecas, la intimidad, los besos, la piel, el reencuentro, la fusión, la cama, la regadera… la sensación de permanecer contra la distancia, contra el tiempo, los va fusionando nuevamente, como en un rito perenne obligado a repetirse, para mantener la continuidad de los acontecimientos vitales. Su historia de amor se interrumpe con la aparición de Bruno(Ignacio Pereda), quien se convierte en el nuevo objeto del deseo de Jonás.

Gerardo y Jonáz

Gerardo y Jonáz

Particularmente las propuestas de Julián Hernández no terminan por convencerme por diversos motivos, tal vez sea la ausencia de parlamentos, escenas prolongadas, la reiterante temática de sus películas que solo son exposición y no cuentan con algo particularmente interesante, gente desconocida, éstas podrían ser solo algunas razones que me vuelven renuente a las obras del director de aquélla película con título extenso, filmada a principios de la década y que tuve la oportunidad de ver, para llevarme un frentazo de su cruda y aburrida realidad. Es importante resaltar que Hernández es el único director dispuesto a llevar a cabo este tipo de historias, por lo que su apertura no termina por llevarse a cabo. Puede ser que el éxito sí sea propiciado por el morbo de las masas, pero también por aquellos que buscan opciones diferentes de lo que es presentado nuestras carteleras semana tras semana

El cielo dividido es el retrato de un noviazgo homosexual captado en diferentes situaciones, el escolar, el social y sexual principalmente. no hay profundidad en los personajes, vamos que todo gira en torno a la vida nocturna de los chavos, sus múltiples encuentros y la obsesión a la que se harán acreedores con la aparición de otros en discordia. La nulidad en cuanto a diálogos en efecto es cansado, pero resulta aun más tedioso cuando se cae en círculo vicioso de cada una de las acciones que llevan a cabo (el regreso físico de Jonás, la huída física de él, su retorno nuevamente con Gerardo, su ausencia mental, etc.).

Jonás abatido..

Jonás abatido..

La innegable factura y estética de este film no justifica el fallido experimento cinematográfico que gira en torno a la relación homosexual de dos adolescentes, desde su primer encuentro a todas las fases por la que pasa una relación sentimental (celos, pasión, misterio…). La pretenciosidad del mexicano Julián Hernández -que repite el mismo lenguaje, temática y discurso que realizó en su anterior film “Mil nubes de paz“- resulta irritante en la mayoría de los casos, intentando a cada secuencia imitar a Ingmar Bergman, tanto por lo contemplativo como por el uso de los silencios y de los casi inexistentes diálogos -a ritmo de uno cada cuarto de hora-20 minutos y el resto mucha música y secuencias de sexo-.

Probablemente este film tenga un público incondicional, que probablemente disfrute de las secuencias explícitas que se repiten algo gratuitamente en la narración, pero si conseguimos abstraernos de la polémica, la estructura dramática de la historia es tan simple como el mecanismo de un chupete, sin recovecos y sin prácticamente sorpresas: dos personas y una relación.

Animales nocturnos

Animales nocturnos

A mi me horroriza que la pedantería de algunos realizadores como Julián Hernández o Carlos Reygadas, volviendo a la comparación con Bergman, que intentan apabullar al espectador con imágenes preciosistas y un lenguaje audiovisual completamente primitivo, pasado de moda a día de hoy, en el que todas las claves para ver cine han evolucionado bastante. No se pueden olvidar las refrescantes “Mi hermosa Lavandería“o “Ábrete de Orejas“, ambas de un joven y combativo Stephen Frears, donde se articulaba a la perfección todo ese microcosmos sin recurrir a grandilocuentes y vacías imágenes, sin que tampoco podamos olvidar “Happy Together“, otro film de referencia en el tema que nos ocupa, y que le valío a Wong Kar-Wai, con toda justicia, el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1997. Con todo ello quiero decir que, desde mi punto de vista, para contar una historia de amor -sea de la tendencia que sea- no hace falta poner música clásica melancólica, planos cortos de bocas, ojos, manos, y secuencias de sexo. El cine ofrece millones de recursos más para no ser tan cargante ni ampuloso.

Al grano: Es un trabajo interesante y con mayores aciertos que su anterior filme, sin embargo cabe aclarar a quiénes estén dispuestos a apreciarla, que lo importante es ser paciente.

* * / 5