Nunca me abandones.

Hablamos de una cinta que te deja al final con el estómago vacío. Así de simple. Tuve el error de menospreciarla y me retracto, que aunque tiene un ritmo parsimonioso su encanto está en el drama interno que rodean a los personajes principales. Carey Mulligan siempre cumplidora, destaca por ser el ápice de un triángulo amoroso. Keira Knightley aprovecha que no es la protagonista del film para lucir en un personaje secundario completamente diferente a todos los personajes que se le han visto, como una chica envidiosa y manipuladora mueve los hilos de este drama; Y entre las dos, Andrew Garfield se mueve con un personaje más tímido y tal vez por eso, opacado ante las dos actrices.

Mark Romanek muestra un drama en el que los personajes no tienen salidas a sus predicamentos, son personajes que fueron creados y que tienen un destino marcado, pero que dentro de ese camino a seguir ellos viven con los dilemas de aceptarse como lo que son, y vivir desarrollando sentimientos. Una fábula distópica en la que se nos narra un pasado alternativo en el que las fronteras de la ciencia no están delimitadas por la ética, sino por la matemática del bien mayor. Si bien básicamente es un drama romántico, un triángulo amoroso que sirve de excusa para hablar sobre la importancia de amar y el tiempo que se nos concede para hacerlo, su fin no es otro que el exponer la auténtica naturaleza de unas criaturas que son tan humanas como cualquier persona “normal”; de la nula diferencia que puede haber entre aquello “artificial” cultivado con un único propósito y nosotros mismos, hombres y mujeres que regimos y decidimos sobre nuestras propias vidas.

Es “Never Let Me Go” una obra que se cocina a fuego lento, concediendo valor a los silencios y a la capacidad de observación. Su sensacional fotografía y una melancólica banda sonora contribuyen a crear una ambientación casi de cuento de hadas. Y como en todas estas historias, nada es lo que parece

* * * 1/2 / 5

Expiación… Atonement

Expiación, Deseo y Pecado (Atonement, 2007, Joe Wright)
Expiación, Deseo y Pecado (Atonement, 2007, Joe Wright)

¿De qué trata?: En el verano de 1935, Briony Tallis (Saoirse Ronan), una precoz escritora de 13 años, cambia irremediablemente el curso de varias vidas cuando acusa al amante (James McAvoy) de su hermana mayor (Keira Knightley) de haber cometido un crimen en el que no tuvo nada que ver.

Al igual que la aclamada novela de Ian McEwan, el filme se divide en tres actos. El primero de ellos es donde el conjunto rinde a su más alto nivel. La ambientación, la banda sonora, la cada vez más experta puesta en escena de Joe Wright y la fotografía cuidadosamente colorista nos sumergen de lleno en un universo, de sentimientos ocultos, donde la verdad puede convertirse en algo de lo más subjetivo. Desde el principio la pareja protagonista se compenetra a la perfección: entre Knightley y McAvoy saltan las chispas. La idea de que la acción esté marcada a ritmo de implacable máquina de escribir, a parte de ser de por sí una idea genial (por respetar la obra original), indica quién es el auténtico personaje central de la trama… quién va a forjar el destino de sus seres más queridos. Desde la ambigua situación en la fuente hasta la explosión erótica en la biblioteca, pasando por los momentos previos a la cena, absolutamente todo en el primer acto roza la perfección. Realmente huele a obra maestra.

La lástima es el segundo acto. Curiosamente no falla el aspecto cinematográfico, sino el novelístico. Me explico: Joe Wright y su equipo al completo llevan a cabo aquí también una gran labor. Los actores siguen a la altura, el acertado cambio de fotografía transmite la desolación de la guerra y de los amantes y hay alguna que otra escena para enmarcar, como la de la playa de Dunkerque, que demuestra el grado de implicación del director londinense con la obra: un larguísimo plano secuencia prodigioso a la par que aterrador. Como ya se ha dicho, lo que flojea es la base. Al igual que el personaje de Robbie y sus compañeros, la historia parece ir sin ningún rumbo (quizás se note demasiado el hecho de que Knightley y McAvoy compartan escasos momentos en este tramo). Si a ello le sumamos la exagerada duración del acto, es inevitable mirar el reloj de vez en cuando, lo cual es una lástima, porqué -repito- la factura técnica es impecable.

James McAvoy y Keira Knightley
James McAvoy y Keira Knightley

Por suerte allí está el tercer acto -o mejor dicho, el epílogo- para dejarnos con el buen sabor de boca que esta obra merece. Tiene lo que no tiene el segundo: brevedad e intensidad. En él se acaba de redondear la historia… y la expiación. Es donde al fin se conoce toda la desagradable verdad, pero aún así, lo más curioso es que al final permanece una leve sonrisa. No por el romance frustrado, sino porqué acabamos de asistir a una bellísima película.

Es increíble lo precisa que es la fotografía, y lo acertados que son los primeros planos.  Es una película que mejora cuando la terminas de asimilar. Realmente, Saoirse Ronan sobresale entre todos los demás. Incluso más que la propia Keira Knightley, que pasa a ser una mera excusa para desarrollar la historia, aunque hace una interpretación de las más brillantes de toda su carrera. Es una película indispensable, y su banda sonora es obligatoria para cualquier melómano.

Otros elementos que hay que destacar es la increíble dirección artísitica. Técnicamente es perfecta, está todo realizado con una dedicación extrema que roza la perfección, y además acompañado de una banda sonora que seguramente acabe alzándose con la preciada estatuilla, es magistral el juego que da la banda sonora con el sonido de la máquina de escribir y a la vez mostrar en la pantalla una iluminación en la cara del personaje de Briony al ritmo de las teclas, es increíble.

La película demuestra el gran talento de Joe Wright y todo su equipo, sobre todo el de fotografía y el de dirección artística. Y no me olvido del guión, escrito por Christopher Hampton, que ha conseguido reducir la novela a 130 páginas para contar lo realmente esencial de la historia. Tenían el papelón de adaptar una obra que muchos críticos consideran una obra maestra, y creo que consiguen salir bastante airosos.

Al grano: Impecable drama romántico, estupendamentemente bien elaborado que merecía haber tenido un poco más de atención. Vale muchísimo la pena que le den un vistazo.

* * * * /5

La Duquesa

La Duquesa (2008, Saul Dibb)
La Duquesa (2008, Saul Dibb)

¿De qué trata?:

Hermosa, glamurosa y adorada por el pueblo. Georgiana (Keira Knightley) fue la mujer más fascinante de su época, el siglo XVIII. Pero mientras que su belleza y su carisma le forjó un nombre en la historia, el amor siempre se le escapó. Casada muy joven con uno de los hombres más ricos de Inglaterra, el Duque de Devonshire (Ralph Fiennes), fue confidente íntima de ministros y la Casa Real, llegando a ser un icono de la moda, madre adorada e influyente política para el partido liberal. Sin embargo, en el núcleo de su historia está la búsqueda desesperada de afecto y amor. Desde el apasionado pero fatídico romance con Earl Grey (Dominic Cooper) hasta el complicado triángulo amoroso con su marido y su mejor amiga Lady Bless Foster (Hayley Atwell)

Keira Knightley interpreta a Goergiana, La Duquesa de Devonshire

Keira Knightley interpreta a Goergiana, La Duquesa de Devonshire

Aceptable, pero poco aprovechada historia de la aristocracia inglesa.
La verdad es que la dirección de Saul Dibb es bastante notable. Sin embargo aún le falta un clímax emotivo para cautivar al espectador con la historia. Jeffrey Hatcher y Anders Thomas Jensen son los responsables del guión basándose en la novela de Amanda Foreman donde cuenta los hechos reales. La historia y, sobretodo el personaje de Georgiana, daban para más. La protagonista sufre cambios marcados por redenciones -contadas con poco esmero- que precipitan al personaje; simplemente, lo descuida. Los demás personajes también quedan demasiado planos, quizá demasiado encasillados en sus respectivos roles sociales -la mujer desengañada de su matrimonio, el marido rico, caprichoso y déspota- salvo en pequeños y aislados esbozos psicológicos, que si se hubieran desarrollado en un sentido más narrativo, habrían aportado un mayor realismo a cada uno de ellos.

Ralph Fiennes contenido, pero bien.

Ralph Fiennes contenido, pero bien.

Ralph Finnes hace un impecable papel -nominado al Globo de Oro al mejor actor de reparto- como el duque de Devonshire dotando el personaje de una intensidad y temperamento austero y rígido que el guión obvia. Keria Knightley desmuestra una vez más que es la mejor actriz actual en papeles de época -pero tiene que huir del género para no ser encasillada- y ofrece a la protagonista un encanto y carisma como tiene su personaje, esa sonrisa que tiene impregna la pantalla. Charlotte Rampling, Hayley Atwell (la musa de Allen en “Cassandra’s dream”) y Dominic Cooper (el chico de “Mamma Mia!”) cierran el elenco principal.

Buena factura inglesa
Buena factura inglesa

La música es lo más destacable de la parte técnica, El score de la compositora, Rachel Portman (“Chocolat“), es un conjunto de partituras bien intencionadas, que procuran llenar las imágenes de intensidad y que huye -pero, a veces cae- en los convencionalismos musicales de cintas de época. 

 Un idea clara de lo que es The Duchess, es recordar a Marie Antoinette sin la distinguida dirección de Sofía Coppola, o incluso recordar al film The Other Boleyn Girl.

Al grano: Película de buena factura técnica que rinde su preciosismo ante un tímido y acartonado guión que no supo proyectar la psicología de los personajes.

* * * / 5