Misoginia Culturalizada

A la mujer se le ha silenciado de una manera sistemática en los estudios relacionados con la historia, y en aquellos relacionados con el alfabetismo y la cultura escrita, con el fácil pretexto de la ausencia de fuentes.

Detesto aquel feminismo de corte superficial esgrimido por pseudo intelectuales cuyo desarrollo se establece mediante una pueril guerra de sexos, aunque sólo discurra en el ámbito de la epistemología. No obstante, me alzo en cólera ante la evidente misoginia que padecen, todavía, la cultura, la filosofía y el lenguaje en nuestros días. Es vergonzoso que el pensamiento de un filósofo, por el mero hecho de ser varón, se le atribuya un alcance universal, mientras que el pensamiento de una filósofa, por el hecho innato de ser mujer, se le defina – salvo contadas excepciones – como propio de mujeres.

Parecía natural que el término hombre englobara el género humano, pero mi cerrazón se ha desvelado al hallar un severo problema lingüístico ante el que no había deparado: la dificultad de expresar lo femenino como sujeto. Es sabido que el término hombre engloba todo el género humano, mientras que el término mujer refiere sólo a uno de los sexos de dicho género. Esta norma gramatical por la cual lo masculino subsume a lo femenino conlleva serias dificultades para la correcta expresión lingüística.

Estos ejemplos de discriminación, quizás vulnerables o incluso deshonrosos para el académico, contribuyen, no obstante, a la discriminación sexual. Ciertamente deberán acordar que la dificultad de que un sujeto femenino encarne lo universal en el terreno del lenguaje supone algo más que la distinción o separación de lo masculino y lo femenino. Negar que la experiencia existencial femenina alcance en el lenguaje, contenido universal, expresa que la vivencia de la mujer es insignificante en relación a la vivencia del hombre cuyo ámbito engloba a ambos géneros.

Esta dicotomía entre la cultura hecha por hombres y la cultura hecha por mujeres la arrastramos desde el siglo XIX cuando se habla de cultura de élite hecha por hombres y cultura de masas, en la que se incluye la cultura hecha por o para la mujer. Ciertamente ya sólo un inculto sostiene que una autora escribe o bien novela rosa o bien intenta emular a los hombres. Pero a pesar de ello aún se sigue menos valorando la cultura hecha por mujeres a causa de esa reminiscencia de que lo femenino expresa la particularidad y no engloba la generalidad del ser humano, como si ocurre con lo masculino.

Quizás ha llegado la hora de una reforma del lenguaje, no obstante es una necesidad que requiere un esfuerzo intelectual mucho más profundo que el que pretende armar nuestra famosa ministra de igualdad, que reduce la cuestión al ámbito meramente sexual.

De cultura y otros cuentos: Con la cultura se nace…

Hace unos meses tenía una amiga que siempre se maravillaba porque me sé muchos títulos de películas, directores, actores, etc.  Me decía que era increíble que yo supiera tanto y remataba con un “me gustaría que me enseñaras a saber como tú”. Mis ojos casi desorbitados se vieron acompañados de una reacción volátil de mi parte. “Tu no puedes aprender a saber, si tu quieres saber ya hubieras podido agarrar un libro o ir a ver más películas de las que se estrenan en cine” expresé. En ese momento lo reconozco, fui muy rudo con ella. Pero es la verdad, para ser culto e instruido no se aprende de un momento a otro, simplemente se tiene la costumbre de tener ganas de aprender o no se tiene.

El llenar una banca en el salón de clases no es suficiente para salir adelante, se necesita algo más. Un literato no es un literato si no tiene la costumbre de leer o un actor no es actor si no va obteniendo diferentes experiencias en su formación. Es grato poder encontrar a alguien que es virtuoso en diversos conocimientos: Un buen día me asombré de conocer un ingeniero con un gusto basto sobre lenguaje cinematográfico.  Es como los simpáticos compañeros de Relaciones Internacionales o los antropólogos que si no se forjan una erudición por conocer otras culturas, su formación se verá ciertamente incompleta.

La cultura no sólo es arte, es mucho más, es comprender absolutamente todo lo que está dentro de tu capacidad intelectual. El día que se pierde esa capacidad de aprender y asombrarse ese día ya no hay más por hacer, porque siendo humanos perderíamos el estímulo más grande de reaccionar al contexto o de vivir por una meta.

Por eso los profesores de esta respetada universidad no sólo deberían de sembrar el conocimiento en sus materias, si no fomentar una capacidad crítica extra a la formación que su materia dice. Deberían no de limitar las capacidades de los alumnos si no delinear los intereses y metas de cada uno. La gran mayoría de las graduados no llegan a ejercer la licenciatura que estudiaron por diversos problemas económicos, pero el hecho de que estuvieran haciendo diversas actividades durante su formación permitió que encontraran otro trabajo acorde a lo que hicieron en su estancia universitaria.

Se debe de buscar una mediación, entre lo externo y lo interno,  para evitar que las actividades extras te venzan universitariamente, o lo universitario de limite más para buscar nuevas oportunidades en tu vida.