El Príncipe de Persia

Príncipe de Persia

Príncipe de Persia, Prince of Persia, Dir. Mike Newell, 2010

Ambientada en la Persia medieval, “Prince of Persia” narra la historia de un príncipe aventurero (Jake Gyllenhaal) que une sus fuerzas con una misteriosa princesa rival (Gemma Arterton) con el fin de detener a un cruel dictador que pretende desatar una tormenta de arena que podría acabar con el mundo entero. En este intento, la alianza cometerá un error, desatando las Arenas del Tiempo, que destruyen un reino y transforman a sus habitantes en feroces demonios… Adaptación al largometraje de la saga de videojuegos del mismo nombre.

La película tiene un comienzo muy bueno, cosa que hace que te metas de lleno desde el principio en su desarrollo. A partir de aquí, la historia se vuelve “demasiado típica”, con clichés propios de este tipo de aventuras: chico pobre con suerte consigue lo imposible, encuentra chica guapa y deberá detener el fin de los tiempos contra un archienemigo.
Las escenas de acción están perfectamente recreadas, con un muy buen uso de la cámara lenta.

Prince of Persia

El salto a la gran pantalla de una de las sagas videojueguiles más famosas de todos los tiempos, encontramos el sello Jerry Bruckheimer, maestro pirotécnico por excelencia, y ya sea dicho, una garantía bastante sólida cuando hablamos de blockbusters. Un valor fiable no sólo por la cantidad de capital que puede poner como soporte para sus proyectos, sino también por saber rodearse de gente por lo menos competente. En esas aparece Mike Newell, eterno director de ‘Four Weddings and a Funeral’ (un antecedente en clara discordancia con el encargo que ha llegado a sus manos este año) pero que no obstante con ‘Harry Potter and the Goblet of Fire’ ya probó suerte en el terreno del entretenimiento de alto standing, y para nada salió mal parado de la experiencia.

Ahora con ‘Prince of Persia: Las arenas del tiempo’, se ha echado el guante a una franquicia que todavía no refleja el boom de juegos intelectualmente estimulantes que ha vivido especialmente la actual generación de consolas, pero que por el contrario es una excelente muestra del espíritu de evasión que tradicionalmente ha caracterizado al sector. Un espíritu con el que el séptimo arte ha congeniado de forma asombrosa desde los ancestrales tiempos de Méliès. Huelga decir que este desierto persa se halla lejos, lejísimos de las enseñanzas del ilusionista parisino. La razón obvia la encontramos en lo exageradamente rápido que ha madurado el cine, lo cual ha hecho que donde antes había la fascinación por descubrir nuevos mundos surgidos de una imaginación completamente desbocada, ahora está el más difícil todavía en una búsqueda desesperada del golpe de efecto para impresionar a un consumidor que a estas alturas de la historia, ya cree haberlo visto todo. Donde antes había magia artesana ahora hay ostentosos truquillos digitales.

A la hora de usar estas armas, salta a la vista que Newell se siente como en un banco de arenas movedizas. No se le nota cómodo ni cuando emula al universo espartano de Zack Snyder ni cuando le tocas a la acción. En efecto, los combates, las persecuciones, las batallas… es decir, todas las escenas en las que el espectador debe agarrarse bien a la butaca, parecen pedir gritos ligeros retoques de montaje, o de configuración en los CGI. Donde el realizador británico se desenvuelve mejor es a la hora de imprimir un ritmo endiablado a la cinta, acortándose así las distancias (aunque siempre desde una posición bastante rezagada) con aquellas joyas contemporáneas del cine de aventuras como lo fueron los primeros ‘Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl’ de Gore Verbinski o ‘The Mummy’ de Stephen Sommers.

Prince of Persia

Que no engañen los primeros compases del filme, en los que se hace una referencia incisiva y directa a la guerra de Irak y las inexistentes armas de destrucción que supuestamente la motivaron. El guión firmado por Jordan Mechner (uno de los principales responsables del videojuego original), Carlo Bernard, Doug Miro y Boaz Yakin tiene por único objetivo el de no dar tregua a la audiencia, masacrándola con un encadenado adrenalínico de grandes proporciones.

Al tener claras estas metas tan “bruckheimerianas”, se eliminan todos los obstáculos que podrían entorpecer esta frenética carrera. Olvídense de personajes profundos, de giros argumentales inesperados o de diálogos memorables… este príncipe no tiene tiempo para detenerse con estas tonterías. Tampoco lo tiene el público para bostezar, ya que en medio de tanto ajetreo, se olvida de las pequeñas imperfecciones antes comentadas, así como de la borrachera narrativa del tramo final, en el que ya no sabemos ni donde estamos. La razón de dicha amnesia es obvia: en este imperio persa reconvertido en parque temático, todas sus atracciones chirrían, pero ninguna se permite el lujo de aburrir. Misión cumplida, gracias por jugar.

* * * / 5

Hancock – Fate doesn’t decide everything. People get to choose.

Hancock, Peter Berg, 2008

Hancock, Peter Berg, 2008

¿De qué trata?: Hay héroes, hay superhéroes… y luego está Hancock (Will Smith). Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo, menos Hancock. Insatisfecho, atormentado, sarcástico e incomprendido, las acciones heroicas y bienintencionadas de Hancock cumplen su objetivo y salvan muchas vidas, pero siempre provocan unos tremendos desaguisados. La población ya no puede más y, aunque está agradecida de tener a su héroe local, los buenos ciudadanos de Los Ángeles se preguntan “qué es lo que han hecho para merecer a este tipo”. Hancock no es alguien al que le importe lo que piense la gente, hasta el día en que salva la vida de Ray Embrey (Jason Bateman), alto ejecutivo de una empresa de relaciones públicas. Y es entonces cuando el impopular superhéroe se da cuenta de que, al fin y al cabo, tiene un lado vulnerable.

Buen arranque, mal seguimiento...

Buen arranque, mal seguimiento...

La verdad es que una historia que cuente acerca de un superhéroe que no es querido, no es tan innovadora…pero si en esta historia al superhéroe tampoco le importa esto, entonces es completamente distinto, y ESA es la historia que iba a convertir esta película en una obra maestra. PERO al final el guionista opta por una historia completamente distinta que prácticamente anula totalmente la primera. Empieza fenomenalmente bien, y te echas unas risas viendo a tan calamitoso personaje meter la pata una y otra vez empapado en Whisky y causando todo tipo de destrozos.

Mantiene durante bastante rato un ritmo muy alto y divertido hasta que de pronto el guionista se mete en un agujero del que ya no sabe salir, te empiezas a aburrir y finalmente te importa un bledo todo lo que está pasando. La media hora final se puede calificar hasta de horripilante, pierde totalmente la gracia y hasta resulta bastante absurda, muy por debajo de los primeros 45 minutos.

Charlize Therón cumple con un personaje importante para Hancock

Charlize Therón cumple con un personaje importante para Hancock

No obstante es una entretenida peli para pasar el rato y sobre todo divertirse en su primera hora, y quizás es con lo que debamos quedarnos. El resultado es un típico producto veraniego en el que destaca la torpeza del director a la hora de transitar a su personaje principal de vagabundo a superhombre como esa forma que tiene de hacer avanzar la historia hacia su espectacularmente absurdo final no sólo sin desarrollar una mitología rigurosa o lógica, sino reescribiendo constantemente sus propias reglas narrativas y dramáticas.

Hancock está perdido, no se encuentra a si mismo, no sabe quién es. Sólo sabe que tiene unos poderes increíbles y esto le convierte en un gamberro peligroso, falto de cariño y sobre todo de sentido en la vida. El personaje es simpático, Will Smith lo es, y cae bien haga lo que haga. No es una comedia al uso, ni un drama tradicional, ni una película de acción convencional, no encuentra, diría yo, una clasificación clara dentro de un género. Hancock, no es ni un Spiderman ebrio, ni un Superman tarado, quiere ser él mismo, distinto a todos. Si descartamos los efectos especiales, que son inmejorables como en cualquier película actual, nos quedamos con una cinta de muchas pretensiones pero pocos logros. Un héroe distinto que manifiesta su desagrado hacia los uniformes de los superhéroes clásicos juzgándolos como ridículos pero se cuida bien de no mencionar a los superhéroes consagrados. Su propio uniforme, una vez que acepta embutirse dentro de él, le parece demasiado ajustado. Fuerza un final feliz rescatando de la muerte a los dos protagonistas cuando el fin natural hubiera sido el sacrificio de uno de los dos.

Al grano: No es la gran película de Superhéroes. No viene precedida por una gran (ni pequeño) comic. Le falta un poco de fuerza y se hace corta. Pero al final es una película fresca y entretenida.

* * / 5