Para los amantes del teatro, Noviembre.

Noviembre, Achero Mañas, 2003

Noviembre, Achero Mañas, 2003

¿De qué trata?: Empujado por un espíritu que todavía conserva su barniz de idealismo, Alfredo (Óscar Jaenada) decide crear “un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva”. Su concepto del teatro va más allá del escenario, se traslada a pie de calle, cara a cara con el público esperando que éste se implique, provocándolo si es necesario. Sus actuaciones cargadas de denuncia social, sin límites ni censuras, llevan a poner en alerta a las fuerzas del orden público…

Es posible que quien no se haya subido a un escenario no la entienda.

Noviembre es mas que un “docudrama sobre un grupo teatral idealista” como han remarcado algunos; es la ilusión que todos los que nos hemos sentido atraídos hacia el mundo de Tespis hemos tenido. Una reflexión sobre la vida y los ideales: como nacen, crecen se fortalecen, y por desgracia, acaban convirtiéndose en meros sueños de juventud.

Todo el mundo me hablaba de esta película; la mayoría de ellos los nuevos “indies” que pueblan nuestras universidades, para los cuáles Noviembre es una obra de culto.

Mi predisposición a la hora de veerla era algo negativa ya que el tema del teatro en el cine quizás no me parecía lo más interesante, si bien al terminar de verla mi opinión ha sucumbido ante esta obra de arte.

Alfredo caracterizado...

Alfredo caracterizado...

Nos encontramos ante una película con un argumento inusual pero a la vez visto mil veces; está rodada con la inocencia de una mirada limpia pero con la resabiduría del perro más viejo; es dulce y amarga; utópica y realista al límite. Será que en esta serie de paradojas basa su esencia.

No es sólo teatro lo que esta película abarca. Llega más allá, al arte en general, a la comercialización de todo, a dejar de hacer las cosas por placer, por honrar el arte… consumismo consumismo y más consumismo…

El teatro es arte, y como toda arte, debe expresar sentimientos, ideas (o ideologías en su defecto); una actuación no debe crearse con la intención de ser un éxito, con la intención de ganar dinero. Eso debe ser algo secundario.

Noviembre es Alfredo, un chaval que supera las pruebas de una escuela de interpretación y que, tras un inicio decepcionante y humillante, decide luchar por realizar un arte auténtico, directo y provocativo junto a otros compañeros. En esa búsqueda artística serán tan importantes las actuaciones, su resultado, como no traicionar los principios sólidos de su manifiesto.

Nuevas formas de representación

Nuevas formas de representación

Achero Mañas afronta con acierto el reto de rodar los números en la calle con pasión e improvisación, pues es ahí donde el teatro es más limpio, independiente, dinámico y agresivo con la gente que, a diferencia de la que se acomoda al acudir a estrenos, no está preparada, y necesita en mayor medida de la reflexión no encubierta. Su mayor error radica en la elección del falso documental, que no sería tan desastroso sino fuera por la interpretación de los actores que lo componen. No obstante, suple este desequilibrio con otras muchas virtudes. Se le agradece en esta segunda película su apuesta por la libertad creativa en vez de por inflar el presupuesto, su esfuerzo por retratar la crónica viva de unos ideales (desde su efervescente y comprometido nacimiento hasta su desaparición), su compromiso con la esperanza, su valentía, su humildad, su técnica, su sinceridad…

Unión entre teatro y cine

Unión entre teatro y cine

El director consigue sortear el ridículo (la falta de motivación en algunos momentos deja entreverlo), y arriesga su caché en busca de una cinta de tintes populares con trabajo, inspiración y originalidad. Porque esta iniciativa para cambiar el mundo sin ánimo de lucro goza de una presencia física tan constante, bestial, fresca y emotiva, que uno no tiene más remedio que implicarse o salir de la sala, ya que esta amarga historia de entusiasmo combativo y contagioso despierta los sentimientos más primitivos, y convierte en modélica la ilusión que desprende.

Al grano: Una reflexión bienintencionada sobre las artes, el compromiso o el carácter utópico de las generaciones más jóvenes pero, pese al estimulante envoltorio visual, no consigue hacerse totalmente creíble.

* * * 1/2 /5

Quemar las naves

Quemar las naves, Francisco Franco Alba, 2007

Quemar las naves, Francisco Franco Alba, 2007

¿De qué trata?: Sebastián(Ángel Onésimo Nevares) y Helena(Irene Azuela) son dos hermanos adolescentes que viven con su madre moribunda en una ciudad colonial de provincia. Encerrados en una casona que se está cayendo a pedazos, lo único que los sostiene es su relación simbiótica y dependiente. La llegada de Juan(Bernardo Benítez), un adolescente de clase baja que viene del mar, desencadena un enfrentamiento entre los hermanos, que los obliga a definir su actitud hacia el amor, el sexo, la amistad, el poder, la traición; en definitiva, su actitud ante la vida.

Francisco Franco no titubeó al construír una historia difícil de ser concebidad dentro de un contexto social como lo es el Mexicano. Dejando atrás el tabú, la imagen solemne de una Columba Rodríguez o la arquetípica figura de un charro y más aún, la mil veces citada historia de pobreza y drogadicción que nada propone; nos entrega una honesta cinta donde aquello “improbable” de ser, puede ocurrir.

Los hermanos (Helena y Sebastián) han convivido toda una vida a la sombra del éxito de su madre, quien, por alguna circunstancia, pasa los últimos años de su vida postrada en una cama. Motivo por el cual, la joven Helena se ha visto obligada a desempeñar el rol de madre-padre, sin que esto signifique la fragmentación de sus deseos de volar.

A su vez, y como consecuencia de ello, el surgimiento de una obsesiva relación de posesión y control para con su hermano, misma que se enfatiza con la llegada de un tercer elemento, que a primera instancia parecería incidental o poco revelador y por el contrario, aporta el sentido real para el descubrimiento colectivo de los implicados.

Fotografías de la película...

Fotografías de la película...

Nada mal, si tomamos en cuenta que el director renunció al estereotipo de actores de gran escuela. Destacable la actuación de Irene Azuela; pocas veces un personaje femenino con tal actitud y sin pose de diva. La película contiene sus errores, claro está pero salvables al margen de haber presentado un filme arriesgado y si no excelentemente logrado, en vías de una trasgresión al actual cine mexicano.

Unidad y responsabilidad

Unidad y responsabilidad

“Para poder manejar tu vida con total libertad, es necesario abandonar el nido familiar”. Este mensaje más o menos afortunado según los gustos, se convierte en el hilo conductor de este filme mexicano donde, contra todo pronóstico, dos hermanos adolescentes y una madre moribunda se convierten en los principales protagonistas a pesar de una insufrible masa de personajes secundarios que invaden descaradamente una historia sencilla y la cargan con tópicos tan manidos como la homosexualidad, el incesto, la dependencia o la búsqueda de identidad típica de la juventud.

Quemar las naves supone una película con ritmo, con actuaciones dignas, una fotografía aceptable pero mejorable, con un guión que no es muy descabellado y que intenta dar una moralina que resulta muy válida para un público fácil. Es una cinta amable y previsible, políticamente correcta en temas que a ninguno ya nos sorprenden y que con el paso del tiempo, en vez de quedarnos un regustillo agradable nos deja una impresión insípida e indiferente.

Sebastián

Sebastián

Al grano: Una de las propuestas más honestas del cine mexicano, Irene Azuela demuestra que va a crecer muchísimo como actriz y que puede ser de las grandes con gran soltura.

* * * 1/2 / 5