Recuerdos de un tonto

Recuerdos de un tonto, Flashbacks of a fool, Baillie Walsh, 2008

Recuerdos de un tonto, Flashbacks of a fool, Baillie Walsh, 2008

¿De qué trata?: Joe Scot (Daniel Craig) es un actor británico cuya carrera en Hollywood comienza a caer en picado cuando cumple cuarenta años. Cuando un amigo de la infancia muere, regresa a casa para el funeral y comienza a rememorar su pasado.

El film empieza con Daniel Craig abandonado a los placeres hasta el punto de poner en peligro la razón que le proporciona todo ese bienestar. Una llamada, un amigo ha muerto en su Inglaterra natal, pero tampoco eso lo decide a viajar. Todo va tan mal que decide suicidarse, pero sólo es capaz de dejarse llevar por la corriente. Cuando es rescatado de sus derivas, entonces decidirá emprender un camino en el que reescribir en la medida de lo posible su rastro de indolencia. Principio del flashback. el joven Joe es un muchacho al que las cosas se le dan fáciles. Vive en un lugar humilde, pero sereno y agradable. Su belleza le acerca a las mujeres más deseadas y sólo tiene que dejarse llevar para que su vida sea tan buena como él hubiera querido que fuera de haberse detenido a pensar. Pero en uno de esos erráticos golpes de mar, Joe se ve envuelto en una terrible situación que, para no variar, no es capaz de afrontar.

La película me ha parecido interesante, me ha gustado la caracterización de un personaje que es tonto, no por decir estupideces, si no por dejarse llevar a la deriva hasta tal punto que ha olvidado lo que es enfrentarse a la vida.

Me ha encantado el uso del score en todo el film (score de Richard Hartley), así como la fotografía a cargo de John Mathieson. La actuación de Daniel Craig es notable.

Al grano: Película que luce el talento de Craig como actor dramático, que aunque sea pequeña, cumple con hacernos reflexionar lo que dejamos atrás por los placeres de la vida

* * * 1/2 / 5

Un poco de gusto visual por Daniel Craig

Un poco de gusto visual por Daniel Craig

Para los amantes del teatro, Noviembre.

Noviembre, Achero Mañas, 2003

Noviembre, Achero Mañas, 2003

¿De qué trata?: Empujado por un espíritu que todavía conserva su barniz de idealismo, Alfredo (Óscar Jaenada) decide crear “un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva”. Su concepto del teatro va más allá del escenario, se traslada a pie de calle, cara a cara con el público esperando que éste se implique, provocándolo si es necesario. Sus actuaciones cargadas de denuncia social, sin límites ni censuras, llevan a poner en alerta a las fuerzas del orden público…

Es posible que quien no se haya subido a un escenario no la entienda.

Noviembre es mas que un “docudrama sobre un grupo teatral idealista” como han remarcado algunos; es la ilusión que todos los que nos hemos sentido atraídos hacia el mundo de Tespis hemos tenido. Una reflexión sobre la vida y los ideales: como nacen, crecen se fortalecen, y por desgracia, acaban convirtiéndose en meros sueños de juventud.

Todo el mundo me hablaba de esta película; la mayoría de ellos los nuevos “indies” que pueblan nuestras universidades, para los cuáles Noviembre es una obra de culto.

Mi predisposición a la hora de veerla era algo negativa ya que el tema del teatro en el cine quizás no me parecía lo más interesante, si bien al terminar de verla mi opinión ha sucumbido ante esta obra de arte.

Alfredo caracterizado...

Alfredo caracterizado...

Nos encontramos ante una película con un argumento inusual pero a la vez visto mil veces; está rodada con la inocencia de una mirada limpia pero con la resabiduría del perro más viejo; es dulce y amarga; utópica y realista al límite. Será que en esta serie de paradojas basa su esencia.

No es sólo teatro lo que esta película abarca. Llega más allá, al arte en general, a la comercialización de todo, a dejar de hacer las cosas por placer, por honrar el arte… consumismo consumismo y más consumismo…

El teatro es arte, y como toda arte, debe expresar sentimientos, ideas (o ideologías en su defecto); una actuación no debe crearse con la intención de ser un éxito, con la intención de ganar dinero. Eso debe ser algo secundario.

Noviembre es Alfredo, un chaval que supera las pruebas de una escuela de interpretación y que, tras un inicio decepcionante y humillante, decide luchar por realizar un arte auténtico, directo y provocativo junto a otros compañeros. En esa búsqueda artística serán tan importantes las actuaciones, su resultado, como no traicionar los principios sólidos de su manifiesto.

Nuevas formas de representación

Nuevas formas de representación

Achero Mañas afronta con acierto el reto de rodar los números en la calle con pasión e improvisación, pues es ahí donde el teatro es más limpio, independiente, dinámico y agresivo con la gente que, a diferencia de la que se acomoda al acudir a estrenos, no está preparada, y necesita en mayor medida de la reflexión no encubierta. Su mayor error radica en la elección del falso documental, que no sería tan desastroso sino fuera por la interpretación de los actores que lo componen. No obstante, suple este desequilibrio con otras muchas virtudes. Se le agradece en esta segunda película su apuesta por la libertad creativa en vez de por inflar el presupuesto, su esfuerzo por retratar la crónica viva de unos ideales (desde su efervescente y comprometido nacimiento hasta su desaparición), su compromiso con la esperanza, su valentía, su humildad, su técnica, su sinceridad…

Unión entre teatro y cine

Unión entre teatro y cine

El director consigue sortear el ridículo (la falta de motivación en algunos momentos deja entreverlo), y arriesga su caché en busca de una cinta de tintes populares con trabajo, inspiración y originalidad. Porque esta iniciativa para cambiar el mundo sin ánimo de lucro goza de una presencia física tan constante, bestial, fresca y emotiva, que uno no tiene más remedio que implicarse o salir de la sala, ya que esta amarga historia de entusiasmo combativo y contagioso despierta los sentimientos más primitivos, y convierte en modélica la ilusión que desprende.

Al grano: Una reflexión bienintencionada sobre las artes, el compromiso o el carácter utópico de las generaciones más jóvenes pero, pese al estimulante envoltorio visual, no consigue hacerse totalmente creíble.

* * * 1/2 /5

Lost in translation….. Perdidos en Tokio

Bob Harris(Bill Murray) es un conocido actor norteamericano cuya carrera ha decaído últimamente. A cambio de una generosa remuneración, acepta participar en un anuncio de whisky japonés que se va a rodar en Tokio. En su visita a Japón, experimenta un considerable choque cultural, por lo que pasa la mayor parte del tiempo libre en su hotel. Precisamente en el bar del hotel conoce a Charlotte(Scarlett Johansson), una mujer de veintitantos años que está casada con un joven fotógrafo de renombre. Éste se encuentra en Tokio cumpliendo un encargo profesional y, mientras trabaja, su mujer distrae el tiempo como puede. Además del común aturdimiento ante las imágenes y los sonidos de la inmensa ciudad, Bob y Charlotte comparten el descontento con sus vidas. Poco a poco se hacen muy amigos y a medida que exploran la urbe juntos empiezan a preguntarse si su amistad se transformará en algo más.

Perdidos en Tokio, Lost in Translation, Sofía Coppola, 2003

Perdidos en Tokio, Lost in Translation, Sofía Coppola, 2003

¿De qué trata?:

Desde la altura del lujoso e impersonal hotel-rascacielos se posa una mirada distante sobre Tokio, que sirve de fondo como cualquier otra gran ciudad moderna. Esa mirada tranquila encuentra la empatía idónea para acercarse a los protagonistas, que son un actor en decadencia, con cara de pocos amigos, de estar anímicamente en las últimas, y una licenciada inactiva, casada con un fotógrafo que la ignora y por las noches ronca. Insomnes ambos protagonistas, sufren un ‘jetlag’ existencial que va más allá de los desfases horarios y de los bostezos que no pueden reprimir en el ascensor, cuando se ven por primera vez. Gran parte del encanto de la película está en la poética sugerencia de un reencuentro platónico entre almas gemelas que se reconocen y establecen en el acto una corriente de comunicación directa, de mutua simpatía y complicidad.

Hasta la fecha, el mejor trabajo de Scarlett Johansson

Hasta la fecha, el mejor trabajo de Scarlett Johansson

El mayor acierto de Sofia Coppola es no definir esa conexión sólo en positivo, detallando su contenido, sino definirla también por claro contraste con la incomunicación como rasgo característico de la sociedad contemporánea, un mundo tan superpoblado y complejo que los mensajes se pierden inexorablemente en la traducción entre idiomas, entre códigos, entre mentalidades. De esto va mostrando el film numerosos ejemplos, empezando por el cómico rodaje del spot de un whisky o las conversaciones telefónicas con la familia, diálogos de sordos (uno dice Te quiero, el otro ya ha colgado). Charlotte escucha un audilibro sobre el sentido de la vida. Él juega al golf a solas. Ella callejea entre la muchedumbre extraña, visita templos que nada le dicen. En las ruedas de prensa todo es parloteo, tontería, expresión insuficiente y comunicación superficial.

Y cuando coinciden hay sonrisa, todo se llena de confianza, de un incesante reconocerse, tratarse delicadamente.
Unos planos cenitales toman las confidencias susurradas en la cama. Cuando la conversación languidece, una mano roza apenas un pie. La ternura es infinita. Ellos se encuentran melancólicamente en un lugar de paso, para establecerse en una continua identificación, por encima de las múltiples barreras de obviedad y convención que interpone el lenguaje, barreras que absorben los mensajes y los apagan, dejando que se pierdan en la traducción, entre los inútiles códigos comunicativos.

emotividad y expresividad

emotividad y expresividad

La fotografía es deslumbrante y abundan los planos de la ciudad (las luces de neón, los carteles publicitarios, los variopintos edificios, las multitudes, los transportes…), recreando hermosas escenas que parecen casuales y mostradas como el que no quiere la cosa, pero que en realidad encierran significados espirituales, vinculados a la visión subjetiva de los personajes. La fotografía es increíblemente expresiva y posee una elocuencia que va de lo sosegado a lo vibrante, comunicando mensajes mucho más hondos de lo que lo hacen los propios diálogos. Las conversaciones, sencillas e intrascendentes, como podría ser cualquier conversación corriente, con sus rasgos de humor, de ridiculez, de sinceridad, de falsedad, de diversión y de tristeza; los personajes con los que se cruzan los protagonistas, a menudo chocantes y llamativos en su variedad.

Romance moderno...

Romance moderno...

Historia sencilla sin nada extraordinario a la vista, pero que oculta en sus venas un latido que transporta fragmentos del alma y del corazón. Para todos ustedes, los que se han perdido alguna vez en sí mismos o en las revueltas del entorno y de la falta de comunicación.

Al grano: Sencilla y a la vez compleja película de una de las directoras más interesantes y versátiles, no sólo por que es hija de un director de cine de renombre, si no por que se ha ganado por sí misma que se le reconozca como una gran directora. Hermosa película casi poética que para algunos es lenta pero para otros es soberbia. Para mí lo es.

* * * * * / 5