Pretensión y caos en “El Jardín de los cerezos”

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“El Jardín de los Cerezos”

De. Anton Checjov

Dir. Luis de Tavira

Creo que tenía demasiada expectación con este montaje y terminé un tanto decepcionado. Era la primera vez que asistía a ver un montaje de Luis de Tavira y realmente quería saber por que todo mundo dice que es un buen director, pero le encontré muchas fallas. Desde el inicio la obra comenzó con un ritmo extraño, algunos actores no estaban en la misma sintonía de los demás y es que mientas unos estaban en realismo otros se lanzaban abismalmente al melodrama. Pero lo que más me mortificó fue el hecho de que hubiera una pésima organización del evento, pues a pesar de que hubo butacas vacías, el taquillero me hizo comprar los boletos de hasta atrás lo que me permitió ver algunos errores de la dirección.

Yo creo que para poder controlar un espectáculo de una magnitud cultural tan importante como lo es el recinto de Bellas Artes el director se debería de preocupar por que toda la visión sea llevada hasta la última silla del espacio pues, me tocó sufrir mucho para escuchar a los actores y lo que más me dolió fue el no poder disfrutar de el escenario por que la perspectiva no me dejaba ver más allá de la cintura de los actores. Esto habla de que el director sólo se preocupó por que la butaca que daba directo al escenario fuera la única que acaparara la atención, por lo que los que estábamos en un lugar superior nos tocaba apreciar las sobras del espectáculo.

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Otro problema importante que tiene esta obra es el manejo del tiempo, la obra dura cuatro horas con intermedios de media hora cada uno. Esto para mí es un error garrafal, pues en cada acto los actores tenían la tarea de recapturar a los espectadores que se fugaron de la ficción durante la media hora de interrupción en una historia de por sí, lenta, cansada y esquemática. Se podrá decir mucho de Anton Chéjov, pero para mí sólo “La Gaviota” tiene esa maestría narrativa que tanto se le refiere. “El jardín de los Cerezos” es reiterativa, el conflicto para mí es meramente anecdótico y los personajes están totalmente estereotipados. Vemos la decadencia de una familia rusa que se ve obligada a vender la finca repleta de cerezos, el conflicto de la historia es simple, aprender a soltar el pasado, lo que los personajes de esta obra se tardan cuatro largos actos para hacerlo.

A mi gusto el montaje se siente demasiado ambicioso, que aunque tengo que reconocer que tiene un diseño de arte hermoso, el manejo del escenario es exquisito y la escenografía es linda, a pesar de tener el defecto, que sólo los de los primeros pisos podían apreciar las diferentes perspectivas que ofrece el diseño espacial. El score original es otro de los detalles que aplaudo enormemente, era un completo deleite escucharlo.

El montaje tenía muchos ojos encima debido a que era la primer actividad del recién inaugurado Palacio de Bellas Artes, el cuál perdió mucho de su arquitectura art nouveau, pero si alguna vez me toco ver en este mismo recinto un Don Juan Tenorio con un exceso de carnalidad gráfica, sólo me quedaba esperar que este montaje se mantuviera fiel a su texto, que si bien lo hizo, le faltó que los actores comprendieran que existe una finita línea entre el realismo y el melodrama y la solución está en entenderlo.

Para mí el realismo tiene un esquema muy sencillo a seguir: la pugna entre dos personajes mientras ambos luchan por un conflicto social. El que entienda esa fórmula puede generar un estilo realista, por el estilo marca el conflicto interno de los personajes y un conflicto externo, que en este caso no aprovecharon la riqueza dramática que ofrece el autor al vincular su texto con la revolución rusa. El melodrama es evidentemente más sencillo, conflicto entre dos personajes enfrascados en ellos mismos, donde los personajes caen en el sufrimiento total y en el exceso.

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En el momento pensaba que la iluminación que a ratos se volvía ténue, en otros momentos excesivamente brillantes y algunos momentos casi oscuros eran intención del iluminador, leyendo después algunos periódicos leí que era problema de una máquina que compraron para el montaje. Aquí es donde también valdría la pena señalar que a veces la tecnología no está de nuestro lado al momento de hacer un arte, todo se debería de checar una y otra vez antes de ser lanzada, para evitar este tipo de accidentes.

Por lo pronto mi resultado final es una obra que a ratos captó mi ficción y por momentos muy grandes me provocaron un enorme aburrimiento, por lo que me pregunto, ¿fue una mala elección del texto?¿fueron los actores que no estaban en la sincronía correcta? ¿fue realmente una mala dirección? O todo al final de cuentas resultó ser excesivo y esquemático que se siente como un enorme pastel decorado de una pastelería, de esos, que el betún está seco y el fondo está aguado.

Enloqueciendo por “Black Swan” (El Cisne Negro)

black_swan-2Black_Swan_01  ¿Se puede dividir el alma humana? ¿Se logra ser lo inocente y lo astuto al mismo tiempo? ¿Se es capaz de ser el cisne blanco y negro? ¿De alcanzar la perfección sin importar perder la cordura y el alma? En vista de las críticas es necesario volver al origen de la obra. ¿No es acaso pretendidamente el ridículo el ballet y capaz de emocionar? ¿No tanteaba muchas veces Hitchcock con lo burlesco para sugerirnos que el suspense se sustenta en lo inexplicable y lo imprevisible? De eso va más o menos la nueva joyita que nos acaba de regalar Darren Aronofsky.

Aronofsky sigue madurando como realizador y guionista. Y "Black Swan" es la prueba más evidente de que es uno de los narradores más interesantes, e importantes, del cine norteamericano actual. Es capaz de levantar una película con un argumento casi anecdótico (una joven bailarina que aspira a ser la protagonista de ‘El lago de los cisnes’) y transformarla en un orgasmo cinematográfico que se alarga durante más de cien minutos de puro gozo. Nos mete en la cabeza de su protagonista (una superlativa Natalie Portman, en su mejor papel hasta la fecha) acariciando a su personaje con movimientos de cámara que varían en base a su estado de ánimo: más bruscos cuando se palpa en nerviosismo, planos fijos cuando hay calma. La cámara en mano funciona a las mil maravillas en las coreografías de ballet, rodadas en su mayoría en una sola toma, excepto en la representación final.

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Es cierto que tal como nos muestra la película la perfección no sólo es control sino muchas veces liberación y desinhibición. No entiendo, por lo tanto, por qué se critican los excesos en la recta final a Aronofsky cuando simplemente se limita a predicar con su ejemplo. ¿Fingir o dejarse llevar? Está claro que el director de “Réquiem por un sueño” quiere poner un excelso de excesos digitales justificados por el propio guión, que convierten al propio espectador en víctima de la paranoia y alucinaciones de la protagonista. Algunos criticarán otros, donde me incluyo, dirán que se trata de mera y genial consecuencia, de un cine al límite de todas las posibilidades.

Si bien es de ley mecionar que Natalie Portman deja la piel, tampoco puede negarse que los secundarios no son menos: Mila Kunis enamora a cámara, Vincent Cassel está genial, Barbara Hershey y Winona Ryder, con sus escasos minutos en pantalla, también demuestran sus tablas. La banda sonora de Clint Mansell es exquisita, así como el sobresaliente trabajo del sonido, que hace que las escenas funcionen casi a modo de coreografías completas, como set-pieces rítmicas. La fotografía de Matthew Libatique ayuda a crear una ambientación malsana, opresiva, algo que no se veía en una pantalla grande desde el Lynch de "Mulholland Drive" (2001).

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De acuerdo, nos conocemos la historia, sabemos todo aquello que nos va a mostrar y el poder, sobre sorpresas en el libreto, aparentemente es mínimo… Entonces, ¿qué ha visto una gran mayoría de espectadores que hemos quedados prendados por “El cisne negro”? una película sencilla basada en el cromático vestuario, juegos malabares con efectos de sonido y acrobáticos espejos Darren Aronofsky parece recrear la perdida en sí misma de la protagonista. Ser perfecta no se trata de control sino dejarlo de lado.

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