Identidad Sustituta

Identidad Sustituta, Surrogates, Jonathan Mostow, 2009

Identidad Sustituta, Surrogates, Jonathan Mostow, 2009

¿De qué trata?: Ambientada en un mundo futurista donde los humanos viven aislados en interacción con robots, un policía (Bruce Willis) se verá forzado a abandonar su hogar por primera vez en años para una investigación. Todo comienza cuando dos agentes del FBI (Willis y Radha Mitchell) son asignados para investigar el misterioso asesinato de un estudiante universitario relacionado con el hombre que participó en la creación del fenómeno high-tech de los sustitutos, que permiten a la gente comprar versiones perfectas de sí mismos -en buena forma, guapos, y controlados por control remoto-. Estas máquinas perfectas acaban asumiendo sus roles vitales, de modo que la gente puede experimentar la vida a través de otro cómodamente sentados en el sofá de su casa. El asesinato pone de manifiesto una cuestión: en un mundo de máscaras ¿quién es real y en quién se puede confiar?

Se ha comentado en múltiples ocasiones en referencia a este género que aquellas obras que, presentando una paradoja o una anomalía física o biológica (ciencia), situada en un lugar y un tiempo determinado para narrar una historia en función de unos personajes (ficción), alcancen la reflexión, generalmente sobre la condición humana (filosofía).La tendencia pesimista (con cierre optimista, claro) del cine de este milenio referente al ser humano, no escapa a Identidad Sustituta, que si bien no muestra el Apocalipsis de nuestra especie como especie viva, sí lo hace como especie humana: la máquina vence al hombre, porque el hombre quiere ser máquina.

 El apoyo que ofrecen unos buenos efectos especiales al argumento científico (que resulta convincente cuanto mayor sea el equilibrio entre la imaginación y la verosimilitud), no es suficiente para salvar los papeles a esta producción, que no consigue que sus buenos detalles sean algo más que meras anécdotas en el guión.Toda la perfección humana ¿Qué es lo que puede salir mal? El gancho de ficción viene gracias a un Willis ensangrentado y atormentado que tiene que salvar la vida a un numeroso grupo de seres humanos, no sólo a unos cuantos si no a toda la raza humana. El umbral, o mejor dicho, el hueco que se forma entre nuestro conocimiento limitado y los hechos que acontecen ante nuestros ojos, abre las puertas a la divagación, la exposición de teorías, la formulación de incógnitas. Es la parte más jugosa para el guionista y el escritor. Por desgracia, Jonathan Mostow reduce este jugo a unas lágrimas en un par de personajes y unas cuantas críticas sin dirección a la sociedad de plástico y videojuego. Ni siquiera consigue conmover en su oda a la belleza de la imperfección.

Así que al final la película es una paradoja en sí misma: una crítica a la falta de inquietudes del ser humano, a la mecanización de la sociedad, a la imagen como referente social, realizada con un cine estético, robotizado y mecánico como el que más, al que le faltan todas esas inquietudes que nos parece recriminar.
Al grano: Intento reflexivo que queda en mero entretenimiento palomero.
* * * / 5

Inglorious Basterds….

Inglorious Basterds, Bastardos sin gloria, Tarantino, 2009,

Inglorious Basterds, Bastardos sin gloria, Tarantino, 2009,Resúm

Resumen de la crítica enviada a LA VERDAD para el 11 de octubre.

¿De qué trata?: Durante la ocupación alemana de Francia, Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) presencia la ejecución de su familia a manos del coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz). Shosanna consigue escapar y huye a París, donde se forja una nueva identidad como dueña y directora de un cine. En otro lugar de Europa, el teniente Aldo Raine (Brad Pitt) organiza un grupo de soldados judíos para tomar represalias contra objetivos concretos. Conocidos por el enemigo como “The Basterds”, los hombres de Raine se unen a la actriz alemana Bridget Von Hammersmark (Diane Kruger), una agente secreto que trabaja para los aliados, con el fin de llevar a cabo una misión que hará caer a los líderes del Tercer Reich. El destino quiere que todos se encuentren bajo la marquesina de un cine donde Shosanna espera para vengarse…

Quentin Tarantino tiene un gran poderío cinematográfico que trenza, sobre diferentes tonos y géneros, un historial fílmico cuya personalidad supera el conjunto que ofrece el mosaico de referencias. No se trata de una conexión directa con el género o el filme, sino el talento y estilo propio del cineasta que se impone estableciendo una nueva visión dimensionada del autor. Es así que Bastardos sin gloria es un filme puramente tarantiniano cuyos orígenes quedan borrados y ametrallados por la cinefilia y la genialidad.

Tarantino realiza su narración mediante capítulos, desgranando situaciones y sucesos que, poco a poco, conformarán un todo hasta desembocar en un final muy coherente y bien atado que transgrede la historia reconstruyéndola mediante una pantalla de cine. Todos los capítulos mostrados forman una unidad perfecta, es delicioso ver los diferentes estilos remezclados y que da enorme riqueza al contenido como los muchísimos detalles que contiene y que seguro se valorarán mejor en posteriores revisiones.

Mélanie Laurent, muy buena actuación...

Mélanie Laurent, muy buena actuación...

Los diálogos, las interpretaciones, las referencias cinéfilas y las esporádicas incursiones de la violencia, en brutales estallidos que consumen y aderezan un dramatismo producido sin prisa alguna, constituyen las herramientas de un director que, con Bastardos sin gloria ha creado una de las películas más interesantes y audaces de los últimos años. Tarantino ha vuelto a demostrar que no hay en él nada conformista y que continúa renovándose a sí mismo, evitando resultar plano y predecible.

Bastardos sin Gloria exhibe a uno de los villanos más maquiavélicos de la historia del cine, el coronel Hans Landa, que construye en la comienzo el leitmotiv de toda la cinta: un simple disparo puede cambiar toda una guerra como si de un efecto mariposa se tratase. No sólo es una representación conocida del concepto del azar sino del conocimiento personal y las experiencias. Es significativo el juego de idiomas en el guión y el pasado que arrastran los personajes como los actos que desencadenan.

La recreación de la Segunda Guerra Mundial no es un retrato de las trincheras, ni del campo de batalla sino de pura negociación (las situaciones en todas las secuencias se resuelven siempre así).

Gran actuación de Christoph Waltz

Gran actuación de Christoph Waltz

Al grano: Bastardos sin gloria es un monumento cinematográfico a la historia del cine. Un acto de amor brutal, combativo y suicida donde la ficción se mantiene de la mano de una realidad que ha impactado a la humanidad.

* * * * * / 5