La dulce vida

La Dulce Vida, Happy-Go-Lucky, Mike Leigh, 200

La Dulce Vida, Happy-Go-Lucky, Mike Leigh, 200

¿De qué trata?: Poppy (Sally Hawkins) es una joven profesora de primaria divertida, abierta y generosa, una muchacha inmune a la amargura que viste como vive, a todo color. Es un espíritu libre que se toma la vida tal y como viene, pero siempre con actitud positiva.

Hay que reconocer el mérito de Sally Hawkins a la hora de encarnar a Poppy (de hecho ya se lo tuvieron en cuenta concediéndole el último Oso de oro de Berlín a la mejor actriz y el Globo de oro a la mejor actriz de comedia). No debe resultar nada fácil interpretar el papel de una persona que puede generar tanto agrado y asco a la  vez. Al histrionismo y la gesticulación más propios de Mr. Bean, con todo lo bueno y lo malo que eso puede implicar, Poppy le añade una verborrea agotadora capaz de sacar de las casillas al más paciente de los mortales.

Sin embargo, tras un personaje tan descaradamente feliz como el de Poppy, el director de la película, Mike Leigh, ha querido camuflar algunas reflexiones sobre nuestra sociedad occidental, cada vez más plagada de seres alicaídos y anodinos. Cuando el filme se centra en el mundo de una chica tan extravagante y tan fuera de lo común, uno termina cuestionando al resto de personas supuestamente normales. ¿Es normal evitar un saludo? ¿Ignorar a la persona que tenemos a escasos metros en la sala de espera de una consulta? ¿Someterse a la esclavitud de la vida cotidiana?

Recomendable las escenas de la clase de manejo

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La hermana de Poppy, su antítesis, es la que mejor refleja esa idea de que la estabilidad equivale a rutina y equivale a sumisión. Embarazada, con un marido sometido y acobardado y una hipoteca a sus espaldas, tiene la osadía de acusar a su alegre hermana de ser una infeliz. Mientras ella se obsesiona con las plantas de su jardín y con que nadie le manche el suelo de parquet, a Poppy parece ilusionarle mucho más convertir las bolsas de papel en disfraz de pájaro para sus alumnos.

Con independencia del personaje, Happy. Un cuento sobre la felicidad’ esconde algunas perlas muy recomendables. Comenzando por una interesante reflexión entre varias profesoras sobre el papel de los padres (y de las videoconsolas) en la educación de los hijos y terminando con una fantástica clase de flamenco. Es probable que para algunos Happy no sea precisamente un cuento y les termine provocando el efecto contrario a la felicidad, pero en todo caso se trata de una arriesgada radiografía, por momentos desequilibrada, por momentos lúcida, de una extraña en su propio hogar.

Al grano: Interesante crítica al británico cuadrado (y a la sociedad en general) sobre esepragmatismo cotidiano y la privación de la felicidad.

* * * * / 5

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