Juegos Siniestros

Juegos Siniestros, Sleuth, Kenneth Branagh, 2007

Juegos Siniestros, Sleuth, Kenneth Branagh, 2007

¿De qué trata?: Remake del film de 1972 de Joseph L. Mankiewicz. Un rico escritor entrado en edad Andrew Wyker (Michael Caine) ajusta cuentas con un joven actor en paro (Jude Law) que ha conquistado el corazón de su mujer, para ello organiza un juego de consecuencias peligrosas.

Dirigida por una persona que se ha mostrado ambivalente mezclando cine y teatro, Kenneth Branagh, un guión escrito por un maestrazo en la dramaturgia (recién fallecido) Harold Pinter (Más de su dramaturgia aqui), dos actores de primer nivel, Michael Caine y Jude Law, pero con todos estos factores que denotaban una calidad brutal, algo aquí salió mal.

El pasable es por la historia. Si has visto la original, la de Joseph L. Mankiewicz, no hace ninguna falta que veas esta. Aquella reune todas las condiciones para ser una obra maestra, esta lo único que reúne son una serie de despropósitos asombrosos, aunque si no has visto la de Mankiewicz seguramente la de Kenneth Branagh te gustará por que es una historia que sorprende.

En la de 1972, Laurence Olivier, interpretaba al famoso escritor de novelas y Michael Caine era un joven atractivo dueños de una cadena de belleza que le roba la mujer al primero. Los dos actores estaban estupendos, fue un duelo interpretativo maravilloso.

Un muy sobreactuado Jude Law...

Un muy sobreactuado Jude Law...

En la de 2007, Caine hace el papel de Laurence Olivier y Jude Law el que hacía Cane en la original, sólo que ahora en vez de ser dueño de un salón de belleza, es un actor en paro que gana dinero haciendo de chófer. Michael Caine vuelve a estar magnífico, Jude Law es lamentable. Me gustaba más aquella casa rústica, pero sobretodo recuerdo el proceso del robo, aquel era infinatamente mejor y muchísimo más humillante. Las tecnologías también han cambiado, y eso le da un aire más frío a este remake.

Branagh nos presenta ‘Juegos Siniestros’ desde un punto de vista muy teatral, una arte dramática que domina como pocos directores. Toda la película transcurre en la lujosa y modernísima casa de Wyker, un escritor enamorado de sí mismo. Dos actores, unos diálogos cuidadísimos, como no, y un único escenario. Las únicas imágenes del exterior las vemos en blanco y negro, a través de las cámaras de seguridad. Otro acierto. Pero es que, además, este

Caine, Law y Brannagh

Caine, Law y Brannagh

film hay que tomarlo como un juego. Wyker y Tindle interactúan; nunca saben si las propuestas del otro son verdad o mentira. Ninguno de los dos tiene nada que perder.

Un Michael Caine que, ahora, se pone en la piel del novelista millonario y despechado. Sin duda, era uno de los grandes alicientes de este proyecto: la curiosidad de verlo en el rol opuesto. Tirando de oficio, consigue que el papel no se le vaya de las manos (como se le va a su compañero), aunque tampoco la evolución psicológica de su personaje queda bien dibujada. No olvidemos que esta adaptación cuenta con 50 minutos menos de metraje, lo que puede explicar la excesiva simplificación y la falta de cohesión de todo el trabajo.

Cartel del Sleuth de 1972

Cartel del Sleuth de 1972

Un aspecto interesante que marca también la diferencia entre ambas versiones, es el hecho de que la actual haga especial hincapié en el componente homosexual. Los tiempos han cambiado, y la tensión sexual se hace explícita, lo que no quiere decir que resulte más interesante; ya que el resultado es un tanto deslavazado, entre el histrionismo de Jude Law y la escasa solidez del guión. La lucha de clases, el duelo de ingenios o la disputa psicológica fueron ya tratados de forma magistral por Mankiewicz. Una maestría de la que carece Kenneth Branagh.

A pesar de su elegante dirección, la propuesta termina siendo fallida. El resultado es una película que, por momentos; resulta fría, distante y carente de alma. El material es potente, y las posibilidades son muy estimulantes. Pero las reseñadas frialdad y brevedad, provocan que el espectador no consiga entrar del todo en el macabro juego, ni identificar de forma razonable los motivos o las reacciones de sus participantes.

Al grano: Frío y seco remake de una historia con un enorme potencial dramático. El exceso de Brannagh por el diseño de arte y la ostentosa dirección pierde vitalidad al histrionismo de Caine y de Law.

* * 1/2 / 5

Los secretos del poder

Los Secretos del Poder

Los Secretos del Poder, State of Play, Kevin Macdonald, 2009.

¿De qué trata?: Adaptación de la exitosa miniserie de TV británica de la BBC del mismo nombre. congresista y un reportero que se ven envueltos en un caso de brutales asesinatos que, aparentemente, no tienen relación entre sí. Cal McCaffrey (Russell Crowe) es un periodista de Washington DC cuyo olfato le lleva a desenmarañar los misteriosos asesinatos de algunas de las figuras más prometedoras de la política y la gran empresa. El congresista Stephen Collins (Ben Affleck) representa el futuro de su partido: debido a su honradez, ha sido elegido presidente del comité que supervisa los gastos de Defensa. Todos esperan que esta estrella en auge represente a su partido en la próxima carrera hacia la presidencia. Hasta que alguien asesina brutalmente a su ayudante/amante, y los secretos se escapan de su escondite. McCaffrey tiene la dudosa fortuna de ser un viejo amigo de Collins, y de que su jefa (Helen Mirren) sea totalmente despiadada y le mande a investigar el caso. Mientras sigue la pista del asesino con la ayuda de otra reportera, Della Frye (Rachel McAdams), descubre una tapadera que amenaza con hacer temblar las estructuras del poder de la nación. En una ciudad de relaciones públicas, asesores y ricos políticos, aprenderá una verdad innegable: cuando miles de millones están en juego, la integridad, el amor y la vida de cualquiera están en peligro.

Muy buen thriller político.

Muy buen thriller político.

En el juego de ajedrez de la política, existe una constante manipulación entre dos equipos dignos de respeto: los políticos que buscan retener sus posiciones de influencia y los reporteros dispuestos a desenmascarar la corrupción que acompaña al poder sin restricciones. Lo que une a los oponentes es que ambos se necesitan. Y el asesinato, ya sea de una vida o del carácter de una persona, es ocasionalmente un medio para alcanzar su fin.  El director de la magnífica El último rey de Escocia, Kevin McDonald, realiza esta magnífica adaptación al cine de la miniserie homónima de la BBC, centrada en el poder, la corrupción y el periodismo. McDonald demuestra un buen dominio de cámara con planos secuenciales y hermosas tomas aéreas, que aseguran una buena factura visual de la película. Pero esto no es lo mejor de esta imponente producción.

Rachel McAdams

Rachel McAdams

De entrada observamos un metraje largo, pero hay que tener en cuenta que había que condensar seis capítulos de un relato político con muchísimas implicaciones (Para ver la ficha de la miniserie dar click aquí). Sin embargo, la habilidad de los guionistas para contar una trama absorbente, sabiendo cómo dosificar el volumen de información para no resultar confusa, además del empleo de un frenético ritmo narrativo y el impecable montaje final de Justine Wright, confieren a la obra el dinamismo suficiente como para que nadie se aburra con su visionado.

Además el filme cuenta con personajes perfectamente definidos y muy bien interpretados, incluso por parte de Ben Affleck, que si bien nunca está a la altura de Russell Crowe, mejora bastante las mediocres interpretaciones a las que nos tiene acostumbrados. Crowe está perfecto en su rol de periodista de la vieja escuela, alguien que todavía cree que su denostada profesión es algo más que los índices de ventas, mostrándose continuamente en pos de la verdad. Completan el reparto la atractiva Rachel McAdams (Red Eye, The Notebook), el cómico Jason Bateman y tres veteranos que no necesitan presentación: Hellen Mirren, Jeff Daniels y Robin Wright Penn.

El cuarto poder: los medios de comunicación.

El cuarto poder: los medios de comunicación.

Los secretos del poder es una película entretenida y resulta didáctica al mostrarnos la red del poder en Washington y las estrechas y complejas relaciones entre medios de información y la política. Tiene sus puntos débiles en su previsibilidad ( los hechos que se investigan apuntan en su resolución a las “altas esferas”), sus concesiones a la comercialidad ( los protagonistas se ven envueltos en tiroteos y persecuciones un tanto insólitos para un reportero y un político) y, sobre todo, en el carácter de pseudodenuncia muy propio del cine norteamericano, que resulta útil para tranquilizar las conciencias menos torturadas y cuya moraleja siempre parece ser la misma: existen fallos en el sistema, pero no hay que preocuparse porque el propio sistema corrige esos fallos.

Al grano: Bien construido thriller político que se agradece como bocanada de aire fresco entre tanto blockbuster veraniego. A pesar de sus errores se le reconoce la impecable factura con la que está hecha.

* * * * / 5