El cielo dividido

El cielo dividido, Julián Hernández, 2006

El cielo dividido, Julián Hernández, 2006

¿De que trata?: Gerardo(Miguel Ángel Hoppe) y Jonás(Fernando Arroyo) se reencuentran porque se han buscado; en una primera mirada se descubren cómplices añejos. De ahí una cita, otra, el hotel, la universidad, las discotecas, la intimidad, los besos, la piel, el reencuentro, la fusión, la cama, la regadera… la sensación de permanecer contra la distancia, contra el tiempo, los va fusionando nuevamente, como en un rito perenne obligado a repetirse, para mantener la continuidad de los acontecimientos vitales. Su historia de amor se interrumpe con la aparición de Bruno(Ignacio Pereda), quien se convierte en el nuevo objeto del deseo de Jonás.

Gerardo y Jonáz

Gerardo y Jonáz

Particularmente las propuestas de Julián Hernández no terminan por convencerme por diversos motivos, tal vez sea la ausencia de parlamentos, escenas prolongadas, la reiterante temática de sus películas que solo son exposición y no cuentan con algo particularmente interesante, gente desconocida, éstas podrían ser solo algunas razones que me vuelven renuente a las obras del director de aquélla película con título extenso, filmada a principios de la década y que tuve la oportunidad de ver, para llevarme un frentazo de su cruda y aburrida realidad. Es importante resaltar que Hernández es el único director dispuesto a llevar a cabo este tipo de historias, por lo que su apertura no termina por llevarse a cabo. Puede ser que el éxito sí sea propiciado por el morbo de las masas, pero también por aquellos que buscan opciones diferentes de lo que es presentado nuestras carteleras semana tras semana

El cielo dividido es el retrato de un noviazgo homosexual captado en diferentes situaciones, el escolar, el social y sexual principalmente. no hay profundidad en los personajes, vamos que todo gira en torno a la vida nocturna de los chavos, sus múltiples encuentros y la obsesión a la que se harán acreedores con la aparición de otros en discordia. La nulidad en cuanto a diálogos en efecto es cansado, pero resulta aun más tedioso cuando se cae en círculo vicioso de cada una de las acciones que llevan a cabo (el regreso físico de Jonás, la huída física de él, su retorno nuevamente con Gerardo, su ausencia mental, etc.).

Jonás abatido..

Jonás abatido..

La innegable factura y estética de este film no justifica el fallido experimento cinematográfico que gira en torno a la relación homosexual de dos adolescentes, desde su primer encuentro a todas las fases por la que pasa una relación sentimental (celos, pasión, misterio…). La pretenciosidad del mexicano Julián Hernández -que repite el mismo lenguaje, temática y discurso que realizó en su anterior film “Mil nubes de paz“- resulta irritante en la mayoría de los casos, intentando a cada secuencia imitar a Ingmar Bergman, tanto por lo contemplativo como por el uso de los silencios y de los casi inexistentes diálogos -a ritmo de uno cada cuarto de hora-20 minutos y el resto mucha música y secuencias de sexo-.

Probablemente este film tenga un público incondicional, que probablemente disfrute de las secuencias explícitas que se repiten algo gratuitamente en la narración, pero si conseguimos abstraernos de la polémica, la estructura dramática de la historia es tan simple como el mecanismo de un chupete, sin recovecos y sin prácticamente sorpresas: dos personas y una relación.

Animales nocturnos

Animales nocturnos

A mi me horroriza que la pedantería de algunos realizadores como Julián Hernández o Carlos Reygadas, volviendo a la comparación con Bergman, que intentan apabullar al espectador con imágenes preciosistas y un lenguaje audiovisual completamente primitivo, pasado de moda a día de hoy, en el que todas las claves para ver cine han evolucionado bastante. No se pueden olvidar las refrescantes “Mi hermosa Lavandería“o “Ábrete de Orejas“, ambas de un joven y combativo Stephen Frears, donde se articulaba a la perfección todo ese microcosmos sin recurrir a grandilocuentes y vacías imágenes, sin que tampoco podamos olvidar “Happy Together“, otro film de referencia en el tema que nos ocupa, y que le valío a Wong Kar-Wai, con toda justicia, el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1997. Con todo ello quiero decir que, desde mi punto de vista, para contar una historia de amor -sea de la tendencia que sea- no hace falta poner música clásica melancólica, planos cortos de bocas, ojos, manos, y secuencias de sexo. El cine ofrece millones de recursos más para no ser tan cargante ni ampuloso.

Al grano: Es un trabajo interesante y con mayores aciertos que su anterior filme, sin embargo cabe aclarar a quiénes estén dispuestos a apreciarla, que lo importante es ser paciente.

* * / 5

Ceguera… Blindness

Ceguera (Blindness, 2008, Fernando Meirelles)

Ceguera (Blindness, 2008, Fernando Meirelles)

¿De qué trata?: Adaptación de “Ensayo sobre la ceguera” del Premio Nobel portugués José Saramago. Una curiosa epidemia de ceguera sacude un país. Las primeras víctimas de este accidente son encerradas en un hospital sin recibir explicaciones ni apoyo. Entre ellas está una mujer que conserva su vista en secreto para poder acompañar a su marido ciego. En el encierro se darán todo tipo de atrocidades y en la calle dominará el caos y el terror.

Muchas veces precisamos que nos priven de algo para apreciarlo en todo su valor. Descender al infierno, suele ser util también para descubrir el alma humana. La fragilidad que sustenta, nuestra civilización, nuestra sociedad, es expuesta de manifiesto, de forma brutal y cruda. Y el miedo, ese miedo, que es capaz de convertir a las personas, a los gobiernos, en aquello que nuestra cultura trata de aniquilar, pero al final prevalece. El egoísmo, la crudeza, la lucha por la supervivivencia. Pero entre toda esta niebla, siempre hay un rayo de luz, que nos guía, por la solidaridad, el altruismo, capaz de las gestas más increibles. Es la luz, que nos ayuda a ver.

La película respeta el sentido que Saramago creó para su historia en tanto que “no aludiera a una sociedad o a un régimen político preciso”, sino que “fuera una alegoría, una metáfora de todas las sociedades”, con lecturas en los niveles político, psicológico y filosófico. Y esto se refleja en la trayectoria del heterogéneo grupo compuesto por una pareja de japoneses, un negro casi anciano, un niño, una joven prostituta, un ladrón y un matrimonio de americanos que ha decidido compartir las desventuras deparadas y tratar de afrontarlas solidariamente hasta encontrarse con la maldad de mafiosos oportunistas que a pesar de estar afectados no dudan en lucrar con la situación para imponer la ley del más fuerte.

Julianne Moore lidera al grupo de ciegos

Julianne Moore lidera al grupo de ciegos

Me acuerdo muy bien de un extracto de la crítica de cinepremiere :

“Ceguera falla por esa voz en ‘off’ que se empeña en susurrar y subrayar cada imagen, cada metáfora…”

Es verdad que es constante, pero no creo que en verdad se empeñe por susurrar y subrayar cada metáfora ni cada imagen, como alumnos de kinder enseñándonos el abecedario. Si se hace es, incluso por necesidad. De haber prescindido de la “voz en off” en proporción, se perdería parte de la esencia del filme. De lo que Meirelles le es importante aportarnos del libro. Danny Glover como narrador presente lo hace muy bien.

La sociedad diseccionada desde los ojos de Meirelles, que ve con clarividencia y acierto el camino a trazar en “Blindness” y lo hace con acierto, brillantez y un pulso digno de los mejores.Meirelles arroja temas de lo más controvertidos sobre la pantalla, pone en juicio la moral y las actitudes de algunos personajes y traza una maravillosa historia donde no hay buenos ni malos, no hay locos ni cuerdos, sólo hay personas intentando resguardarse de un mundo que conocen, pero que temen porque jamás lo habían sentido así y porque sus posibilidades nunca se habían visto menguadas de esa forma.

El oftalmólogo aprende a ver a su esposa con las manos.

El oftalmólogo aprende a ver a su esposa con las manos.

“Blindness” arranca con unos primeros minutos de cine puro, en ellos, se nos pone en situación y Meirelles dirige con acierto envolviéndonos en un mundo donde todavía no ha empezado a reinar una especie de caos imperante y oscuro, un lugar en el que todavía podemos observar el blanco sobre negro, el blanco imperante de esa ceguera que dinamita las posibilidades de todos los personajes menos de uno: el de Julianne Moore. En él, se reflejan como nunca los temores y la ansiedad por quedar atrapada en ese pequeño microcosmos donde, no sólo no puede hacerse cargo de una situación que le sobrepasa, es superior a ella, sino además no puede sentirse confabulada ni con su propio marido, aquel al que había amado durante tanto tiempo y con el que ahora no conecta, porque no hablan el mismo idioma, porque él, asustado y temeroso, se aleja de su persona más querida.

Trazado el arco donde se moverán sus personajes, el realizador desata definitivamente la vorágine y el desconcierto, sometiendo a sus protagónicos a los contundentes y tiránicos caprichos de unos cuantos que cuentan con una ventaja: Un arma de fuego en mitad de todo el caos, y la colaboración de alguien que ya sabe qué terreno maneja, un ciego de nacimiento. A partir de ahí, lo que antes eran soberbios fundidos a blanco y una inmensa fotografía luminosa, se tornan pasillos oscuros y rebosantes de basura, donde parece reinar una anarquía casi absoluta siempre bajo el yugo de ese grupo que ha decidido hacerse con el control absoluto.

Un elenco multiestelar

Un elenco multiestelar

Como todo, el movimiento termina obteniendo respuesta, y se pasa de lanzar reflexiones sobre hasta que punto deberían llegar los límites de la integridad y ética humanas, para concluir de modo inesperado en un film donde parecía que el más mínimo pedazo de esperanza se había desvanecido. Un film donde el blanco se termina sobreponiendo al negro, y en el que el espectador termina comprendiendo que, además, se ha querido ir mucho más allá. Porque la vista es el último resquicio de cordura humana.

Lo vital se vuelve realmente lo más importante.

Lo vital se vuelve realmente lo más importante.

La coproducción brasileña, canadiense y japonesa es coherente con el argumento y con el reparto que incluye actores estadounidenses tanto como mexicanos, brasileños, canadienses y japoneses.
Una alucinante puesta visual acompañada de breves diálogos y una voz en off que remarca casi todos los pasajes, hacen que sonidos y palabras también se vuelvan guías, sumando las percepciones auditivas a las visuales.

Deslumbra el tratamiento plástico de la imagen dado por el fotógrafo uruguayo César Charlone, compartiendo con marcados fundidos blancos y negros e intencionados desenfoques, la tambaleante condición humana que se revela a partir de una mirada que se vuelve interna.
La película alcanza momentos de notoria brillantez visual y sostiene planteos que justifican su necesaria crudeza en una crítica intención social que subyace en el trasfondo existencial y trascendente de la historia.

Al grano: De la complejidad del libro a la pantalla, Ceguera es fiel a sus principios, dejando un inmenso vacío en el estómago por el golpe de realidad que apreciamos.

* * * * 1/2 / 5

Expiación… Atonement

Expiación, Deseo y Pecado (Atonement, 2007, Joe Wright)
Expiación, Deseo y Pecado (Atonement, 2007, Joe Wright)

¿De qué trata?: En el verano de 1935, Briony Tallis (Saoirse Ronan), una precoz escritora de 13 años, cambia irremediablemente el curso de varias vidas cuando acusa al amante (James McAvoy) de su hermana mayor (Keira Knightley) de haber cometido un crimen en el que no tuvo nada que ver.

Al igual que la aclamada novela de Ian McEwan, el filme se divide en tres actos. El primero de ellos es donde el conjunto rinde a su más alto nivel. La ambientación, la banda sonora, la cada vez más experta puesta en escena de Joe Wright y la fotografía cuidadosamente colorista nos sumergen de lleno en un universo, de sentimientos ocultos, donde la verdad puede convertirse en algo de lo más subjetivo. Desde el principio la pareja protagonista se compenetra a la perfección: entre Knightley y McAvoy saltan las chispas. La idea de que la acción esté marcada a ritmo de implacable máquina de escribir, a parte de ser de por sí una idea genial (por respetar la obra original), indica quién es el auténtico personaje central de la trama… quién va a forjar el destino de sus seres más queridos. Desde la ambigua situación en la fuente hasta la explosión erótica en la biblioteca, pasando por los momentos previos a la cena, absolutamente todo en el primer acto roza la perfección. Realmente huele a obra maestra.

La lástima es el segundo acto. Curiosamente no falla el aspecto cinematográfico, sino el novelístico. Me explico: Joe Wright y su equipo al completo llevan a cabo aquí también una gran labor. Los actores siguen a la altura, el acertado cambio de fotografía transmite la desolación de la guerra y de los amantes y hay alguna que otra escena para enmarcar, como la de la playa de Dunkerque, que demuestra el grado de implicación del director londinense con la obra: un larguísimo plano secuencia prodigioso a la par que aterrador. Como ya se ha dicho, lo que flojea es la base. Al igual que el personaje de Robbie y sus compañeros, la historia parece ir sin ningún rumbo (quizás se note demasiado el hecho de que Knightley y McAvoy compartan escasos momentos en este tramo). Si a ello le sumamos la exagerada duración del acto, es inevitable mirar el reloj de vez en cuando, lo cual es una lástima, porqué -repito- la factura técnica es impecable.

James McAvoy y Keira Knightley
James McAvoy y Keira Knightley

Por suerte allí está el tercer acto -o mejor dicho, el epílogo- para dejarnos con el buen sabor de boca que esta obra merece. Tiene lo que no tiene el segundo: brevedad e intensidad. En él se acaba de redondear la historia… y la expiación. Es donde al fin se conoce toda la desagradable verdad, pero aún así, lo más curioso es que al final permanece una leve sonrisa. No por el romance frustrado, sino porqué acabamos de asistir a una bellísima película.

Es increíble lo precisa que es la fotografía, y lo acertados que son los primeros planos.  Es una película que mejora cuando la terminas de asimilar. Realmente, Saoirse Ronan sobresale entre todos los demás. Incluso más que la propia Keira Knightley, que pasa a ser una mera excusa para desarrollar la historia, aunque hace una interpretación de las más brillantes de toda su carrera. Es una película indispensable, y su banda sonora es obligatoria para cualquier melómano.

Otros elementos que hay que destacar es la increíble dirección artísitica. Técnicamente es perfecta, está todo realizado con una dedicación extrema que roza la perfección, y además acompañado de una banda sonora que seguramente acabe alzándose con la preciada estatuilla, es magistral el juego que da la banda sonora con el sonido de la máquina de escribir y a la vez mostrar en la pantalla una iluminación en la cara del personaje de Briony al ritmo de las teclas, es increíble.

La película demuestra el gran talento de Joe Wright y todo su equipo, sobre todo el de fotografía y el de dirección artística. Y no me olvido del guión, escrito por Christopher Hampton, que ha conseguido reducir la novela a 130 páginas para contar lo realmente esencial de la historia. Tenían el papelón de adaptar una obra que muchos críticos consideran una obra maestra, y creo que consiguen salir bastante airosos.

Al grano: Impecable drama romántico, estupendamentemente bien elaborado que merecía haber tenido un poco más de atención. Vale muchísimo la pena que le den un vistazo.

* * * * /5